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Revista Frivolidad
Revista de Humor

FRIVOLIDAD era una revista de humor que fundaron unos locos de Medellín en 1986 y que logró sobrevivir 5 números. Sus creadores se quebraban en cada edición, pero su ímpetu juvenil los hacía persistir. 

En 1987 dejó de salir definitivamente y sin embargo su prestigio ha sobrevivido y hoy muchas personas se jactan de tener ejemplares. En 1990 FRIVOLIDAD se convirtió en grupo de humor teatral y ganó celebridad con sus personajes Tola y Maruja.

Ahora queremos mostrar algo de la vieja FRIVOLIDAD, pero también nuevos contenidos con su viejo sentido del humor.

¡GARDEL ESTÁ VIVO!
*Tiene media cara desfigurada
*Se refugia en una finca del oriente antioqueño
*Conserva su dentadura natural

           Los que tengan buena memoria recordarán que esa tarde del 24 de junio de 1935, a las 2 y 57, el arrabal se estremeció con la absurda y supuesta muerte de Carlitos Gardel.

           También recordarán que algunos acompañantes lograron escapar de las llamas: José María Aguilar (guitarrista muy bueno), Alonso Azzaf (masajista portorriqueño), José Plaja (profesor de inglés del morocho) y Grant Flynt (un gringo aviador).

           Se desconocen los destinos de estas personas, se desconocen las taras sicológicas que la tragedia les pudo imprimir (de José Plaja se sabe que le cogió inquina a los trimotores), se desconoce su versión de los hechos.

           De estos sobrevivientes quien nos interesa es el norteamericano Grant Flynt, autor de esta pavorosa revelación: que Gardel está vivo, que se esconde en el oriente antioqueño, que nadie lo ha visto.

          Esta chiva periodística nos la dio el libro Zorzal's True, aparecido recientemente en el estado de Nebraska (USA), donde Flynt, ya octogenario, pasa holgadamente su tercera edad.

           El libro, editado por Sky Corp. Ed., no tuvo eco en Norteamérica, donde consideran al tango un embeleco del bajo mundo.            

           Grant  Flynt tiene por qué saber lo que cuenta en su libro: él mismo salió chamuscado del trimotor F-31, de la Sociedad Aeronáutica Colombiana (SACO), y supo lo que ocurrió antes del choque, en el choque y después del choque.

           Y lo que cuenta es muy sencillo, aunque espeluznante: que Gardel fue sacado vivo con la cara quemada y llevado a una clínica de la ciudad en la que se recuperó y de la cual salió para ya nunca ofrecerle su rostro a la fanaticada. Pero veamos cómo desenrolla míster Flynt esta complicada madeja.

EL ROLLO

............Intrigado por la oscuridad de lo sucedido ese día fatal del accidente, Jorge Sturla, cotizado reportero del diario Crónica de Buenos Aires, se vino en 1971 para Medellín a desenmascarar la mentira en torno al Zorzal.

           Era cierto que él y sus compatriotas habían visto las cenizas de Carlitos llevadas hasta la calle Corrientes, pero quién quita que hubieran sido las de Le Pera o las del agente secreto que la policía colombiana dispuso para la protección del morocho.

............Se ha comprobado después que las cenizas se pueden confundir por su coloración y consistencia y fue con esta duda que llegó a Colombia el señor Sturla, quien traía en su mente un cabo por atar: el disparo que hubo dentro del trimotor F-3 1, el alegato que se escuchó segundos antes y la presencia de una extraña mujer vestida de negro, que se despedía de Carlitos voleando la mano enguantada y con sus ojos celestes encharcados de amor.

............Transcribirnos del periódico El Mundo de Medellín lo que ellos transcribieron del diario "Crónica" de Buenos Aires, que a su vez lo transcribió de la cruda realidad:

           "... Ernesto (Samper Mendoza) íntimo amigo de Gardel, no pudo reprimir sin embargo su despecho y lo hirió con un sarcasmo que concretaba antiguas suspicacias infames.

           -Para conseguir esa muchacha hay que ser más hombre, Carlitos. Y tú sabes que te falta algo-.

           Gardel perdió la cabeza, extrajo su revólver y le disparó un balazo". (El Mundo, junio 27 de 1979).

           Esto, según el libro de Grant Flynt,  Zorzal's True (pág. 33), "es de las más viles calumnias que pueda ingeniar la mente humana".

           Flynt manifiesta claramente que no hubo tal disparo ni tal discusión, pero admite que vio a Gardel despedirse de beso en la boca de una mujer muy bella, ataviada de negro y misteriosa.

LA VERDAD

           Grant Flynt, que trató de salvar a LePera sacándolo de las llamas, narra así el momento crucial:

           "... después del estallido hubo la natural confusión. Yo salté de la nave, pero al oír gritos de horror me precipité de nuevo, hondamente aterrado, al interior de la cabina y encontré a LePera aprisionado, implorando socorro.

           Traté de ayudarlo, pero ya tenía prendidos el pelo y las cejas y a mí se me estaba incendiando la ropa. Busqué a Gardel, que segundos antes charlaba con su amigo LePera y no lo vi por ningún lado: Pensé que se había salvado y me alegré. Volví a salir del avión y vi que una ambulancia sin sirena abandonaba velozmente la pista del campo de aviación.

 ¿Quién iba en la ambulancia? Esta fue una pregunta que nadie respondería durante más de 50 años de misterio, hasta ahora, que ya no soporto el ahogo de este secreto” (pág. 65).

Como se puede apreciar en la foto, Gardel no se puede apreciar bien, pues esconde su rostro quemado.

TODOS TAPAN

Y continúa Flynt su angustioso relato así:

           "... Repuesto del susto, tres días después del luctuoso acontecimiento, cuando ya habían velado y llorado unos despojos que no correspondías al Zorzal, me atreví a indagarle al doctor Antonio José Ospina, médico que dirigió los levantamientos, sobre la presencia de la ambulancia y la ausencia de Gardel en la nave. El doctor Ospina se puso colorado y balbuceó un español incomprensible, que yo entendí como una evasiva.

           Después la prensa mostró las joyas de Gardel y los documentos, elementos que no estaban la misma tarde del triste suceso y que aparecían sospechosamente en un montoncito.

           Mi curiosidad norteña me llevó a investigar en las clínicas de la ciudad, pero ninguna admitió que hubiera ingresado algún herido del siniestro. Por supuesto yo no me conformaba con el testimonio de las clínicas y recurrí a los vecinos, cuya cooperación fue muy eficaz.

           Supe entonces que el Zorzal había ingresado a un consultorio particular, situado en la avenida Palacé. Entendí que me sería negada la entrada y cualquier tipo de información y resolví arrendar un cuarto justo al frente del consultorio, desde donde vigilé sin descanso para no perderme la salida del morocho.

           Así pasaron tres monótonos días, hasta que la extraña dama de negro salió del local con gafas oscuras y compró uvas y manzanas en la vía pública. Con mi barba crecida y fatigado por la vigilia, mis desvelos fueron premiados por la súbita aparición del Zorzal.

           Fue el sexto día, en la madrugada. La presencia de un carro frente al consultorio me puso en guardia. Dispuse mi cámara con su teleobjetivo, le quité el flash y ¡click!...Se me encascaró y no la pude tomar. El auto se marchó a gran velocidad y yo me quede más aburrido que un boquineto en un estadio*" (págs. 68 y 69).

ABURRIDO ME VOY

           El libro de Grant Flynt sigue detallando los pormenores de la búsqueda que duró algo más de cuatro meses, infructuosa y agotadora. Así concluyó su investigación:

           "Cansado de una averiguación que no cuajaba, aburrido, reclamado por mis hijos en Nebraska, poseedor de un secreto que no podía revelar porque estaba inconcluso y porque haría inútiles las lágrimas vertidas, me dispuse a dejar Colombia y juré llevarme la verdad al sepulcro" (pág. 208).

NOSOTROS EN ACCIÓN

           Perplejos con la noticia, nos dispusimos a encontrar a Gardel. Atando cabos concluimos que el Zorzal se escondía en el oriente antioqueño. Cinco personas nos dedicamos durante diciembre de 1985 y enero de 1986 a la búsqueda incansable de alguna finca que levantara sospechas.

           En febrero, desalentados y tristes, dimos por concluida la historia que más bien parecía una secuela sicológica del cerebro de Flynt.

SONÓ EL TELÉFONO

           El 10 de abril de 1986 por la mañana sonó el teléfono de FRIVOLIDAD y Carmencita Ortiz, nuestra encantadora secretana (o sea secretaria y catana), contestó. Al otro lado de la línea una voz campesina dijo: "Señorita, yo conozco una finca sospechosa como la que buscan vustedes... Si me dan propina, les digo".

           De inmediato salimos para el municipio El Retiro: Una casa finca como cualquiera, con un portón como cualquiera y un celador como cualquiera, pero con una atmósfera rara, intrigante.

           Saludamos al celador y le manifestamos nuestro deseo de hablar con los moradores de la finca, pero fue categórico en su negativa: tenía orden de que no entrara ni el Presidente de Argentina y le quitó el seguro a la escopeta.

           Nuestro jefe de redacción nos hizo señas de no insistir y regresamos a Medellín. Pero naturalmente comprendimos que teníamos entre manos una noticia extraordinaria. Así que, disfrazados y por turnos, le montamos guardia al lugar.

¡LO VIMOS!

           Tres perros dóberman y un pastor alemán reforzaban la vigilancia de la finca. Alguien sugirió sobornar al celador, pero esto solamente alertaría a Carlitos y además no teníamos presupuesto para sobornos. Nuestro fotógrafo casi cae de un árbol desde donde miraba con binóculos. Estábamos extenuados, pero ardiendo de adrenalina por la “chiva”.

           Por fin el 25 de abril por la tarde logramos verlo…iVerlo! ¡Verlo!... ¡Oh Dios, parecía mentira!

GARDEL SE ASOLEA

           Ese día, una mujer encorvada y de luto (también con gafas negras) salió de la finca en un Renault verde. Llevaba consigo dos de los perros y se despidió del celador con un dejo levemente argentino. Algo como: ¡Recién vuelvo, pibe!

           Quedaban solamente dos perros y el celador, lo que facilitó las cosas. Nuestro jefe de redacción organizó un pequeño incendio en un costado de la finca. El fotógrafo soltó un conejo en el otro costado, que de inmediato atrajo a los perros. El celador corrió al lugar de las llamas, momento que aprovechó el fotógrafo para lograr la primera foto del Zorzal después de su fingida muerte.

(A quienes hayan quedado intrigados con esta exageración de Flynt: “Más aburrido que un boquineto en un estadio”, parece ser por la dificultad del leporino para silbar. N. del T.)
(Próximo número: entrevista exclusiva con Carlitos a sus 92 años).

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